NYUMBA. 13 / 44.

01 junio, 2016




                                                                                 Gracias por haber cuidado de mí todo este tiempo.




Como una niña pequeña que sin consuelo lloraba me has mecido en tus ramas y me has cantado mil nanas. Ahora no entiendo ni un solo día sin ti.

Hace meses no quería ni pisarte, ni escucharte, ni mucho menos palparte. Recuerdo darte la espalda; como si enfocase en ti la absurda culpa de lo que me estaba ocurriendo. Y todo lo que has tenido para mí no han sido más que regalos que encierran más valor que todo el oro del mundo junto. Regalos en forma de personas, instantes, fuerza, sueños, coincidencias, cosas bonitas, retos, poder, risas eternas y vida, mucha vida. Tesoros que no cambio, ni pondría en venta por ningún ajuste de pasado o futuro que pudiera negarme el haber llegado a ellos.

No solo has sido paciente conmigo si no que me has acogido en forma de susurro, como nunca nadie había hecho. Y me has dejado pasar tan adentro que, queriéndolo y sin querer, me he convertido en parte de ti. Soy un trocito de tu yo inmenso. Lo sé porque te siento dentro.

Al final con el tiempo, me resulta fácil olvidar a aquellos que no lo han hecho tan bien. Pero jamás se me pasan por alto los que me han llenado el alma, me han tenido en mente y me han hecho sentir alivio por pequeño que fuese. Los que, de una u otra forma, cuidaron de mí, como entonces yo cuidaré de ellos SIEMPRE. Es mi regalo de vuelta.

Por una semana te voy a echar de menos. Te voy a pensar lejos pero sentir... te voy a sentir muy, muy cerca.








No hay comentarios: