TAO. 4 / 44

30 marzo, 2016





"Todo ser se origina del no ser.  Jesús así lo dice en el Nuevo Testamento, es el espíritu lo que da la vida. No provienes realmente de tus padres, tú, todos nosotros provenimos de ese lugar llamado Espíritu. Todos, cuando llegamos al mundo, lo hacemos a partir de una gota diminuta de protoplasma humano, de una pequeña mota. Todo lo que había en esa pequeña mota se convirtió en ti. Todo lo que necesitabas estaba en aquella pequeña mota. Una de las metáforas que siempre utilizo es que durante los nueve primeros meses de vida, desde el momento de la concepción hasta el momento del nacimiento, lo han hecho todo por ti y no has tenido que hacer nada. No te preocupa de qué color vas a tener los ojos ni que aspecto tendrá tu cuerpo, es algo que no depende de ti, te rindes ante ello. Yo lo llamo impulso hacia el futuro. Es un impulso que te empuja hacia la dirección en la que se supone que tienes que ir. Y no es ninguna barbaridad plantearse que si todo lo necesario para el viaje físico ya estaba contenido ahí, por qué no también todo lo necesario para el resto del viaje. Todos tus propósitos están ahí, todo lo que eres, tu personalidad está ahí. Todo lo que puedes llegar a ser, no sólo lo físico, sino todo el resto, si eres capaz de abrirte y lo permites.

Finalmente nacemos y, como padres, miramos a esa pequeña criatura y sólo se te ocurre decir: ¡Buen trabajo, Dios, buen trabajo, no podría ser mejor... ahora nos ocuparemos nosotros. Nos rodea un montón de gente, nuestra familia, nuestra cultura... allá donde vayamos y empiezan a decirnos que no podemos confiar en quiénes somos: tenemos que confiar en algo exterior a nuestra persona y hacemos un viaje hacia la ambición. Desde que nacemos decimos: "ahora nos ocuparemos nosotros", le estás dando un matiz, estás cogiendo esa perfección y estás expulsando al Creador, estamos "echando a Dios" y ahí aparece el Ego. El Ego es una parte nuestra que empieza a decirnos que no somos una creación divina y perfecta, esa parte de Dios de la cual provenimos.

Se trata de regresar a esos primeros nueve meses, desde el momento de la concepción hasta el momento del nacimiento. Tenemos que llegar a un lugar donde podamos rendirnos y tener la certeza de que no estamos solos, de que nos van a guiar, de que tenemos una naturaleza y de que podemos confiar en ella. No se trata de algo con lo que siempre tengamos que luchar, de lo que siempre tengamos que estar al cargo. Pensad en ello de esta forma: déjate llevar por él en vez de intentar controlarlo todo".

Wayne Dyer.  El cambio.







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